Diremos que Goya fue uno de los más intuitivos precursores de la modernidad en el arte, avanzadilla, con sus ideas, sus imágenes, y su técnica de movimientos que van desde el Impresionismo al Expresionismo, del Surrealismo al Expresionismo abstracto y a la pintura de carga social y política del siglo XX.

Lo que su arte representó fue la profunda desmitificación del ser humano que había comenzado ya, en el siglo XVIII, en otros terrenos, fundamentalmente en el ámbito filosófico y literario.

Goya utilizó la ruptura de la máscara social, tras la que el arte había escondido al ser humano con anterioridad, para desmontar la aceptación generalizada de su bondad.

El nacimiento del artista en 1747 le hizo parte de una generación que vivió de lleno un período de cambios repentinos y convulsiones decisivas , excepcionales en la historia.

Las ciencias con sus avances modernos en todos los campos, la Razón, con el triunfo del pensamiento laico, y la Revolución que derribaba con crueldad inusitada, desconocida hasta entonces, el sistema político hereditario y proclamaba igualitariamente los Derechos del Hombre.

Goya, sin embargo, hizo su propia revolución sin alejarse personalmente del centro del Antiguo Régimen Español.

Sirvió desde sus primeros años a la Iglesia y a la Corte, al rey y a la aristocracia, al menos hasta bien entrado el siglo XIX, cuando ya había pasado la Guerra de la Independencia, sin romper con quienes habían sido sus antiguos mecenas.

La evolución de su arte le fue apartando progresivamente de los intereses de la aristocracia y la monarquía, y no como resultado de una idea política, pues con la Iglesia mantuvo contacto hasta el último momento como revela su “Ultima comunión de San José de Calasanz”, de 1819.

Sin embargo, desde muy temprano , Goya se ha considerado como un artista crítico, revolucionario, “afrancesado”, primero y más tarde , ya en los años del siglo XIX, liberal, como un rebelde huído de sus pares, a sus casi 80 años, para vivir en el exilio, y en la libertad de la Francia de Burdeos.

Goya vivió en una época marcada por las ideas de la Ilustración, la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas, en un tiempo en el que España perdió su hegemonía marítima en favor de Inglaterra. Una época en que la población empobrecía cada vez más y en la que se cometerían atrocidades bélicas que no habían acontecido nunca antes.

“ El sueño de la razón produce monstruos”, el capricho Nº 43 hacia 1797 anticipa las ideas que se desarrollaron en la tardía serie Negra: en el ser humano, viene a decirnos, predomina la sin razón, la monstruosidad, la fealdad, la crueldad y la ignorancia.

Podríamos decir que Goya se anticipa a los postulados de Freud sobre el hombre: la razón no alcanza, estamos determinados por lo irracional, por esa otra lógica que es la del Inconsciente.

En éste sentido la pintura enseña al psiconálisis , más que el psiconálisis a la pintura.

Las pinturas negras se destacan por su antidemagogia : el desengaño de Goya abarca todas las clases sociales, los pobres también son mostrados, como el pueblo, en sus supersticiones y su crueldad.

Goya antidemagógico, toda una ética del arte desde el punto de vista psiconalítico.

Las pinturas negras fueron realizadas cuando ya hacía años que Goya estaba sordo, a causa de una desconocida enfermedad, en las paredes de la que se dió en llamar “La Quinta del Sordo”.

Queremos detenernos especialmente en una: “Saturno devorando a su hijo”, imagen horrorosa, fea, pero imagen al fin.

Dice Lacan, el continuador francés de Freud: que la imagen, aunque fea, es preferible a la falta de imagen; la falta de imagen es el horror total.

Por el contrario, la belleza, como en su revolucionaria Maja Desnuda (que aclaremos, no se trata de la Duquesa de Alba sino probablemente de la amante de un contemporáneo de Goya) , esconde , tras su velo, el objeto del deseo(y conducirá a Goya ante la Inquisición por ser el primer desnudo sin referencias mitológicas).

Sencillamente, la falta de imagen es insoportable, podríamos decir que en la fealdad de la serie negra, brilla, pese a todo, algo bello, es el brillo de una imagen.

La belleza, decíamos, esconde el objeto del deseo, y se basa en una Gestalt, en una “buena forma”, que varía según la ideología y el gusto de cada época. Hoy las mujeres de un Rubens nos parecen gordas y fofas , pero en su época eran bellas; y si nos acercamos con detenimiento , lo siguen siendo.

Dijimos: el horror es la falta de imagen, la castración total, un vacío imposible de llenar, un sin-sentido absoluto.

El hombre, dice Lacan en El Estadío del Espejo, constituye su Ego por la asunción de una imagen especular, lo anterior sería un cuerpo despedazado, un niño que aún no ha alcanzado su madurez psicomotriz.

¿ Qué es un cuadro? “un atrapa miradas”, contesta Lacan.

La serie negra atrapa y captura completamente la mirada, nos perdemos en su oscuridad, en su misterio, su supuesta fealdad, y su visión del hombre como un ser que no tiene salvación, hundido como está en sus miserias y en las de los demás.

Para Goya no hay arreglo, no hay Revolución que valga, no hay salvación colectiva (igual que para Freud), el ser humano está condenado por su propia crueldad y por sus impulsos autodestructivos, también por su ignorancia.

Es una mirada que se aproxima enormemente a a la del psicoanálisis, a la mirada de Freud y Lacan.

La serie negra, además, puede ser analizada desde el punto de vista de la ética psiconalítica ( Lacan seminario Nº 7) se destaca y rompe sobretodo con la Ilustración tanto como con el Absolutismo porterior, por su anti-demagogia.

Observemos por ejemplo El Aquelarre, ese pueblo lleno de fealdad y de ignorancia en pos de una figura mítica , pero el detalle de que también hay una persona de una clase social muy elevada, sentada a su alredeor: ninguna clase social se salva. Ese es el mensaje. El lado oscuro de la Razón, caída como ideal, produce monstruos.

Murió a los 82 años , en abril de 1828.

Como el Freud de “ El Malestar en la Cultura”, rescata la cultura pero se da cuenta visionariamente de que ésta es insuficiente para palear la fuerza de las pulsiones desatadas del ser humano.