Si partimos de la idea de que es propio de la condición humana el engañarse, el no tener un acceso directo a lo real, cuestión compleja que supone que para el ser humano no toda la realidad puede estar al alcance de su mirada, siempre parcial, así como tampoco hay garantías de que la verdad llegue a conocerse o a develarse, o en otros términos, para el hombre el universo está lleno de secretos.
Si partimos de ahí (según el psicoanálisis) veremos que no toda diferencia garantiza la apertura de una dimensión ética, no toda innovación devela un aspecto desconocido hasta entonces de la realidad, como quería Heiddegger. Y éste es el caso del snobismo cuando propone “la diferencia por la diferencia”, el gusto por la diferencia en sí, como si ella no supusiera ningún obstáculo, ninguna angustia, ninguna consecuencia de cara a la visión del mundo.
Vayamos a la definición del snobismo de un diccionario: “anglicismo que indica exagerada admiración hacia todo lo que está de moda o imitación afectada de aquellos a quienes se considera distinguidos”.
No queremos decir que no haya ninguna relación entre el arte y la moda, sino subrayar que hay formas de innovación artística que no hacen más que encubrir una intencionalidad en el fondo conservadora. Que no tiene en cuenta la verdadera singularidad de un artista o una obra de arte.
Conservadora del prestigio de los innovadores o conservadora de los aspectos estéticos de la realidad que provocan más un efecto de pura seducción sobre el público, de ocultamiento de las auténticas singularidades y diferencias, de no develamiento de la verdad, o apertura a un nuevo sentido o a un nuevo sinsentido.
Creemos que se trata de una renegación de la diferencia (algo perverso según el psicoanálisis) , donde sólo se conserva el aspecto placentero que ellas puedan aportar, pero se niega la diferencia como obstáculo, y también, en tantos casos, el odio a la diferencia.
Un caso muy extendido es el de la repetición snob que ha generado la idea de Duchamp de elevar un objeto útil al nivel de la Cosa, que como propone el Dadá partía de la idea de que se trataba en esa época del siglo y del arte, de significados coagulados y que había que desenmascarar el absurdo, el sinsentido que ello encubría.
Pero su repetición, a veces descarada, es un caso más de snobismo del artista y del público.
Un ejemplo contrario podría ser el de García Márquez con sus “Cien años de soledad” respecto a su parentesco con el antecedente de Juan Rulfo de “Pedro Páramo”, donde dos artistas emparentados por un mismo género literario, el realismo mágico , se diferencian sin embargo en el estilo y en el aspecto de la realidad que dejan ver.
Busquemos otro ejemplo contrario, de un gran artista que sin embargo, por lo menos por ahora no obtuvo un reconocimiento y una fama como se merece a nivel internacional, es el caso del autor teatral argentino Omar Pacheco con su trilogía sobre los estados terroristas de todas partes: Memoria, Cautiverio y Cinco Puertas (y ahora La cuna vacía). Hay en éstas obras una serie de elementos que establecen su singularidad, su diferencia radical con otros intentos de tratar el tema de la violencia y el terrorismo, p.ej. El predominio del lenguaje gestual sobre el verbal, usando como verbal un idioma incomprensible que recuerda el alemán; la particularmente expresionista utilización de las luces y sombras llevadas del cine al teatro que hacen pensar en la situación oscurantista (ideología de los estados terroristas), la combinación con la utilización del desnudo de grupos de una forma deserotizada, etc. Son elementos singulares, que en su diferencia, sí implican una dimensión ética (por ética en psicoanálisis entendemos “un no ceder en el deseo, un no sometimiento”) , ya que hacen pensar sobre la intransferibilidad de la experiencia del horror, y conmueve al mismo tiempo el pensamiento y la emoción del público, sin buscar falsamente un efecto catártico.
El snobismo queda muy lejos de una dimensión ética en el arte.
me parecieron muy interesantes los artículos editados por la dra.cristina daneri, en especial para aquellas personas que como yo no estamos vinculados al psicoanálisis y a veces se nos hace difícil interpretar las definiciones de los profesionales, y este no es el caso, espero que sigan las publicaciones, gracias y buen año.
Me pareció muy interesante el decir que en el hombre esta el engañarse, como parte de su condición. Esto es lo que creo que hacen muchos vendedores de arte con el público: engañarlo o llevarlo a que se engañen. Por eso viene muy bien prevenir sobre el snobismo. Muy buen artículo.
Me hizo pensar sobre todo en los vendedores de arte, que llevan al engaño( o eso intentan) a la gente. Esto no quita que algunas obras de arte sean excelentes y el público no las entienda o acepte. Muy buen trabajo
Los criticos y vendedores de arte son lo que más llevan a la gente al snobismo, aunque también, es cierto, como dice el artículo hay algo con lo que la gente se engaña, es propio del ser humano. Muy esclarecedor.